#ALConf — What, when, where?

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On Saturday June 25, 2016, the members of the International Association, Veri Catholici, met at Rome at the Tiempo Business Center from 9 am to 6:30 pm, on via Leone XIII, to speak of the tremendous threat to the Catholic Faith and Ecclesial Unity possed by the recent so-called, Apostolic Exhortation, ‘Amoris Laetitia’, and to condemn its  errors, and petition the Pope and Bishops that it be withdrawn and its authors repent.

This conference had been announced nearly 2 months before (see our left side bar for announcements, e.g. English version).

Introductory Remarks

https://vericatholici.wordpress.com/2016/06/29/alconf-opening-salutation-and-introduction/

Talks published on web, as of today:

http://kankakeelatinmass.altaredesign.com/2016/06/27/veri-catholici-libellus-of-condemned-errors-regarding-amoris-laetitia/

Libellus of Condemnation of errors in Amoris Laetitia, or implicit in it:

English original: https://vericatholici.wordpress.com/2016/06/25/libellus-of-condemned-errors-regarding-amoris-laetitia/

Italian translation: https://vericatholici.wordpress.com/2016/06/25/libellus-di-condanna/

Spanish translation: https://vericatholici.wordpress.com/2016/06/25/libellus-de-condena-de-los-errores/

Petition to the Pope

http://www.ipetitions.com/petition/alconf

Petition to the Bishops

http://www.ipetitions.com/petition/alconf1

Copy of documents sent to the Secretary of State on June 27th:

Cover Letter sent by courier to Cardinal Secretary of State, June 27, 2016, asking that our Petition be given personally to the Pope.

Cover Letter sent by courier to Cardinal Secretary of State, June 27, 2016, asking that our Petition be given personally to the Pope.

Petition to the Pope, as presented by courier to offices of Cardinal Secretary of State on June 27, 2016

Petition to the Pope, as presented by courier to offices of Cardinal Secretary of State on June 27, 2016

Proof of Service for delivery and reception of documents.

Proof of Service for delivery and reception of documents.

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#ALConf — Opening Salutation and Introduction

Reblog…

We receive and republish, the opening talks from the “International Conference on Amoris Laetitia”, held in Rome over the weekend: + + + #AL Conference 9:00 AM — Salutation by Frà Regin…

Source: #ALConf — Opening Salutation and Introduction

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Sign the Petitions to the Pope and Bishops

Click the Links below to sign the petitions, read during our #ALConf Conference

Petition to Pope Francis

http://www.ipetitions.com/petition/alconf

Petition to the Bishops

http://www.ipetitions.com/petition/alconf1

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Libellus de condena de los errores

 Christ the King

Libellus de condena de los errores contenidos en , presupuestos o subyacentes del documento ‘ Amoris Laetitia ‘

Conscientes de la enseñanza de Nuestro Altísimo Señor, Jesucristo, que nuestro “Sí”, sea un “sí” y nuestro “No”, un “no”, y del mismo modo, conscientes de la enseñanza de su Vicario en la tierra, el Papa Pío VI, en buena memoria, quien enseñó:

Cuando se hace necesario exponer algunas declaraciones, que disimulan cierto error o daño sospechado, bajo el velo de la ambigüedad, uno debe denunciar el significado perverso bajo el cual el error que se opone a la Verdad Católica es camuflado.

Nosotros, los miembros de Veri Catholici, deseamos expresar nuestra lealtad a la Fe que hemos recibido de los labios de Cristo, a través de la predicación de los Apóstoles, y como dicta la Iglesia Católica y fortalecida por el infalible Magisterio de la Iglesia, al condenar la llamada Exhortación Apostólica “Amoris Laetitita”, como un trabajo de engaño y falsedad, error y herejía, y que entre los errores nosotros condenamos los siguientes:

Contra el Modernismo

Condenamos junto a Santo Pio X, a noción de que los dogmas de fe evolucionan o de que la Iglesia llega a un entendimiento más claro de la verdad, mediante el esfuerzo de los hombres, que luchan para acomodar las enseñanzas de Cristo y de los Apóstoles, a los deseos, costumbres, modales o cultura de la época en la que viven.

Contra el Falso Pastoralismo

Condenamos la noción de que la verdad de la Fe Católica respecto al Matrimonio puede ser correctamente enseñada y aplicada pastoralmente, mediante la omisión de la palabra adulterio, palabra que está completamente AUSENTE en el documento, como indica la Dra. Anna M. Silva.

Condenamos la noción de que la moral Católica, la ley moral o los preceptos morales del Antiguo y Nuevo Testamento, sean sólo un ideal al cual aspirar, y no sean considerados obligaciones que deben ser cumplidas como la exigencia mínima de la vida Cristiana, ya que Nuestro Señor y Salvado nos ordenó: “Si me Aman, guarden Mis mandatos”, y no dijo: “Si me Amas, presta atención a Mis Consejos”.

Condenamos la noción de que ya no se puede decir categóricamente, que los pecadores públicos, están en estado de pecado mortal, o que son pecadores, o referirse al estilo de vida pecaminoso de vida que tienen, o que son adictos al pecado.

Condenamos el uso de un lenguaje difuso para ocultar, o para lograr que uno olvide las verdades inmutables de la Fe, como fueron enseñadas por Cristo y Sus Apóstoles, y entregadas desde tiempos inmemorables a la Iglesia.

Condenamos el uso de las afirmaciones de la Verdad Católica, para confundir a los fieles, en esas partes del documento, que están plagadas de errores, blasfemia y herejía.

Condenamos como falsa ética pastoral, que el Clero no predique ni enseñe a todos los fieles o a cualquier creyente, que el adulterio es moralmente pecaminoso.

Condenamos como una falsa ética pastoral, que el Clero permanezca en silencio o que no desapruebe públicamente y como es costumbre, el adulterio o el divorcio.

Condenamos como cruel y despiadada, la noción de que es moralmente lícito satisfacer a los pecadores públicos habituales, con la integración a la vida de la parroquia, cuando se han rehusado a arrepentirse y dejar su vida pública de pecado, y que por ello no se los debe incomodar habitualmente, siempre y cuando permanezcan en ese estado, con la práctica atemporal Apostólica de negarles el Sacramento y la sociedad humana.

Condenamos como falsa y perjudicial a la buena moral y correcta formación de conciencia, la noción de que los pecadores mortales habituales, no deberían sentirse excomulgados, cuando ellos han rechazado constantemente el arrepentirse.

Condenamos la hipocresía del pastor que escribe: “Naturalmente, si alguien hace alarde de un pecado real, como si fuera parte del ideal Cristiano, o quiere imponer algo distinto de lo que enseña la Iglesia, el o ella, no pueden pretender enseñar o predicar a los demás”; mientras que luego elabora un documento que exonera a los pecadores y culpa a los pastores de almas, que aplican la disciplina apostólica y tradicional de la Iglesia sobre ellos.

Condenamos como falsa la práctica ética pastoral, sobre la preferencia de la disciplina sacramental, que causa confusión en uno sobre lo que es claro y lo que es blanco y negro.

Condenamos como tramposa la promulgación de una Exhortación, que explícitamente afirma, que no se debe imponer nuevas reglas con órdenes desde la Sede Apostólica, a las Conferencias Episcopales sobre los informes de cómo será implementado el documento.

Condenamos como fraudulenta y errónea la práctica pastoral, que propone todas las consideraciones para la auto-reflexión de los pecadores públicos habituales, pero excluye aquellas respecto a la necesidad absoluta de cumplir los preceptos divinos y morales como una condición para la salvación eterna y el peligro inmediato de la eterna condenación como consecuencia de su rechazo y no conformidad con las mismas.

En Contra de la Falsa Moral

Condenamos junto al concilio de Trento, la noción de que lo que Dios a ordenando es muy difícil de cumplir, o de que El no ha dado, no da o no dará la suficiente gracia para cumplir con cada uno de Sus preceptos.

Condenamos la idea de que la catequesis, que merece el nombre de ‘correcta y Católica’, pueda ser impartida de una manera en la que no se menciona la necesidad absoluta de observar y cumplir los mandamientos de Dios, como un requisito previo para el regalo de la eterna salvación.

Condenamos la afirmación falsa y herética que indica: “ya no puede ser dicho que todos aquellos en situaciones ‘irregulares’, estén viviendo en un estado de pecado mortal o que estén privados de la gracia santificante”, ya que verdad de fe, que el pecado mortal priva al alma de la gracia santificante, como el Apóstol San Juan enseña.

Condenamos como falsa la afirmación de que a pesar de “que un sujeto  a pesar de saber  a cabalidad la regla, pero aún así tiene gran dificultad en entender su valor intrínseco”, se le pueda por lo tanto, permitir transgredir la regla, o se le permita o aconseje hacerlo.

Condenamos como falsa la idea de que uno puede evitar todo el pecado al no tomar una decisión, cuando la práctica real moral no está en conformidad con los estándares objetivos de la ley divina, moral o natural, ya que deliberadamente un pecado de omisión en observancia de estas leyes sobre asuntos graves es mortal.

Condenamos como engaño y trampa el uso de la cita del Doctor Angélico, cuando se habla de aquellos con gracia habitual, a los que están en estado de pecado mortal.

Condenamos la falsa y blasfema noción de que Dios Mismo pueda inspirar a un alma para tomar un paso hacia estar mejor dispuesto al arrepentimiento y bajo esa premisa, los absuelva de la obligación moral de la misma en ese momento de arrepentimiento, o tomando en cuenta que una obra muerta tiene un mérito de justificación.

Condenamos como un engaño la cita del Doctor Angélico sobre la dificultad de entender la aplicación de los principios morales en casos específicos, como si se hiciera referencia a la falla de los principios mismos o su no aplicabilidad en esos casos.

Condenamos la idea de que la ley natural, marcada por Dios en todas las cosas, no es un conjunto a priori de las obligaciones morales universalmente vinculantes a todos los seres humanos.

Condenamos la falsa y blasfema afirmación de que el proceso de una mejor disposición personal a la gracia y conversión es un proceso de santificación, como si tal error reviviera el error de los Fariseos, que consideraban los trabajos de la Ley como meritorios o efectivos por si mismos de la gracia de la justificación o santificación.

Condenamos como engañosa, la contradicción de términos y de herética la noción de que el alma en estado de pecado mortal, pueda crecer en gracia, por cualquier medio, mientras permanece en ese estado.

Nosotros condenamos como falsa y herética la afirmación de que el término “pecado mortal”, ya no sea usado al referirse a pecadores públicos que violan un importante precepto de Dios, revelado por Dios.

Condenamos como falsa la cita de los escritos de Juan Pablo II, con el propósito de refutar su condenación de la ley de la gradualidad sobre la moral.

Condenamos como falsa la noción de que las obligaciones de una conciencia subjetiva falsa, tienen prioridad sobre las obligaciones objetivas de la moral o la ley sacramental.

En Contra de los Errores que se Oponen a la Eclesiología Católica

Condenamos la idea de que uno puede compartir espiritualidad en la vida de la Iglesia, pero de manera incompleta, ya que todas las cosas espirituales son simples e imposibles de dividir.

De igual manera, condenamos, la noción de que aquellos que están en pecado mortal, comparten la vida espiritual de la Iglesia.

Condenamos el pensamiento de que aquellos en pecado mortal tienen una manera de  participar en la vida de la Iglesia, que es apropiada para aquellos que permanecen en pecado mortal, en vez de arrepentirse de su pecado y retornar a la vida de gracia y los Sacramentos.

Nosotros Condenamos como falsa y herética la idea que aquellos en pecado mortal habitual, público o privado, deban ser integrados a la vida de la Iglesia de alguna forma que no sea mediante el arrepentimiento y la Confesión.

Condenamos como blasfema y herética la noción de que la Novia Inmaculada de Cristo, la Santa Madre Iglesia, deba ensuciarse a Si Misma con los pecados de Sus hijos, o Acomodarse, o cambiar Sus hábitos de practicar la caridad pastoral con los de los valores mundanos y corruptos, y los hábitos del mundo.

Condenamos como falsa y errónea, la noción de que en el ministerio pastoral, la caridad deba ser predicada ANTES que la fe y el arrepentimiento, ya que para el hombre de pecado, es sólo el sano temor de Dios que hará que el amor a Dios surja.

Contra la Promoción de los Abusos a los Sacramentos

 Condenamos la idea que bajo cualquier pretexto o circunstancia, o conciencia, un individuo puede eximirse o ser exento por su confesor, de las obligaciones de recibir los Sacramentos con fe y arrepentimiento, o en estado de pecado público.

Condenamos la noción de que es lícito moralmente, y no meritorio de eterna y perpetua condenación, que un individuo reciba el Sacramento en estado de pecado mortal, o que un Confesor permita al pecador el recibir los Sacramentos en tal estado.

Nosotros condenamos la idea de que un individuo que ha admitido haber cometido un acto, que es gravemente inmoral in se, y que no se arrepiente, se le puede permitir bajo cualquier pretexto, por alguien que sepa de esto en el fuero externo, a partir de la recepción de una Sacramento.

Condenamos la noción de que un pecador mortal regular, puede por su mal hábito de pecado, llegar a ser inocente de sus actos individuales de pecado y de que pueda acercarse a los Sacramentos, sin el total arrepentimiento, contrición perfecta y fe Católica, o ser admitido lícitamente de hacerlo por cualquier autoridad en la Tierra.

Condenamos de blasfema y herética la afirmación de que la Confesión es o puede ser una “cámara de tortura”, debido a que tal afirmación no es apropiada de la boca de un Cristiano, pero de la boca de un demonio.

Condenamos la afirmación de que la perenne recepción de disciplina sacramental, de negar el acceso a los sacramentos, a los pecadores habituales o pecadores públicos es cruel haciendo caso a la sensibilidad moderna, o en la necesidad en una reformulación.

Condenamos como blasfemo, herético y depravado el juicio que afirma que aquellos que se adscriben a la disciplina sacramental tradicional son Fariseos y rigoristas.

Condenamos cualquier insinuación o esfuerzo “para superar” las actuales “formas de exclusión” que han sido parte de la disciplina sacramental tradicional en la Iglesia desde tiempos inmemorables.

Contra los Errores que se Oponen a la Fe Católica sobre los Tiempos Finales

 Nosotros condenamos la noción de que “nadie puede ser condenado para siempre”, o de que la afirmación de la eterna o perpetua condenación de individuos en general, es contraria a la “lógica del Evangelio”, porque el Mismo Señor Jesucristo , en cumplimiento con la voluntad de Su Padre Eterno, denunció a los Fariseos de la Ley Antigua, diciendo enfáticamente: “Ustedes morirán en sus pecados”, y predijo que Él le diría a los malvados en el Último Juicio: “Apartaos de mi en el fuego eterno preparado por Satanás y sus ángeles”.

Condenamos la afirmación de que los sagrados ministros de Cristo, en cumplimiento con su tarea Apostólica, no puedan amenazar con la condena eterna a los individuos que cometen, persisten, aprueban o condonan actos morales de cualquier tipo, que sean formalmente contrarios a la ley de Dios, de acuerdo al género, especie, intención o circunstancia.

Condenamos que la idea de que los sagrados ministros de Cristo y todos los fieles, en fidelidad con su Bautismo, no puedan o no deban condenar tales actos morales, como meritorios de la condena perdurable y eterna en los fuegos del Infierno, o que al hacerlo transgreden la obligación de la caridad divina.

Condenamos la afirmación herética o aseveración de que no hay o pueden non haber almas condenadas en el Infierno, o que la salvación de todos o de alguien en particular se pueda presumir a priori.

Condenamos la aseveración herética de que, el Infierno no es un espacio físico, en vista de que Cristo mismo afirmó que en el Gehena, las almas y cuerpos serán castigados con sufrimientos espirituales y físicos.

Condenamos la afirmación herética de que luego de la muerte el alma humana deja de existir.

Nosotros condenamos la noción de que en la muerte, no hay un juicio particular del individuo.

Condenamos la idea de que al morir, un individuo es juzgado sólo de acuerdo a su opinión fundamental a favor o en contra de Dios, y no en particular por el cumplimiento de los preceptos divinos.

Contra los Errores que se Oponen al Sacramento del Matrimonio

 Condenamos junto al concilio de Trento, como falsa o herética la idea de que el estado de virginidad escogido por amor a Dios, y la búsqueda y práctica de la perfección evangélica, no sea en si misma un estado superior al estado del santo Matrimonio, realizado con el debido ritual de la Iglesia.

Condenamos la noción que el matrimonio natural o sacramento del matrimonio es un ideal que requiere esfuerzo y/o no es una institución divina de obligaciones que une a hombres y mujeres que desean formar una familia o unirse como pareja.

Nosotros condenamos el concepto de que la recepción del Sacramento del Matrimonio no es una obligación moral grave para todos los Católicos que desean tener hijos o utilizar el poder de procreación, que Dios les ha dado, y que sea simplemente una opción enriquecedora para su superación personal.

Condenamos la noción que los dos fines del matrimonio, el procreativo y el unitivo son iguales, o que el último no esté subordinado al primero.

Condenamos la idea de que los Católicos que se casan por lo civil y no por la Iglesia, “no están usualmente motivados por el prejuicio o la resistencia a una unión sacramental, pero por la cultura o situaciones contingentes”, como si la preferencia de los valores del mundo no constituyera prejuicio y resistencia hacia la aceptación de la enseñanza de la Iglesia sobre el Sacramento.

Condenamos la noción de que cualquier uso deliberado del poder procreador del cuerpo humano, fuera del matrimonio, es moralmente lícito en cualquier momento para cualquier persona.

Nosotros rechazamos como herética y blasfema la idea de las uniones adúlteras o impuras puedan de alguna manera reflejar el amor de Dios, Quien es infinitamente puro y debe ser adorado en espíritu de verdad.

Nosotros rechazamos como falsa y sacrílega la sugerencia de que en la Escritura, donde Jesús habla a la mujer Samaritana, se sugiera que este diálogo tenía el propósito de santificar la unión adúltera en la cual El la encontró.

Condenamos la idea de que un individuo viviendo en adulterio, tiene mayor obligación moral para mantenerse en su unión adúltera, tomando en cuenta los hijos de esa unión, y no considerando debe terminar esa relación adultera considerando el precepto de Cristo en contra del adulterio.

Condenamos la noción de que la familia o el matrimonio puede constituirse en verdad por cualquier factor que no sea la unión de 1 hombre con 1 mujer.

Condenamos como malicioso y engañoso el uso de citas de los documentos Magisteriales, que hacen referencia al Sacramento del Matrimonio, para la defensa de las uniones adúlteras o ilícitas.

Condenamos la falsa idea de que el individuo puede juzgar como lícito la validez de un matrimonio, sin buscar ayuda de la autoridad eclesial, como si la jurisdicción de un tribunal se debiera a un derecho de juicio propio, adecuado o falsamente formado

Nosotros condenamos como blasfema y herética la noción de que el Evangelio de la Fe y el Arrepentimiento, que predicó Cristo desde su primer día en Su ministerio público, no sea una solución fácil a la dificultad moral en la que habitualmente se encuentran los pecadores públicos.

Contra el Abuso del Oficio Pastoral

Condenamos como una injuria a la disciplina eclesial, y grave falta al oficio pastoral, exhortar al Clero, a no continuar en adhesión fiel a la disciplina sacramental  tradicional, así como llamarlos a acomodarse a la moral corrupta y mentalidad del tiempo presente.

Condenamos como una grave traición, el uso del Oficio Petrino, para alentar, promover o disponer de las almas para que acepten distanciarse de la fidelidad a Cristo, de la fidelidad a los Apóstoles, de la fidelidad a las enseñanzas contenidas en la Sagrada Escritura y /o transmitidas por la Sagrada Tradición, bajo cualquier pretexto de amor, misericordia o compasión.

Nosotros condenamos como una grave traición al ataque a la unidad de la Iglesia, al usar el Oficio Petrino, para alentar a las iglesias locales de distanciarse de la fidelidad a Cristo, la fidelidad a los Apóstoles, de la fidelidad a las a las enseñanzas contenidas en la Sagrada Escritura y /o transmitidas por la Sagrada Tradición, bajo cualquier pretexto de amor, misericordia o compasión.

 

 

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Libellus of Condemned Errors regarding ‘Amoris Laetitia’

Christ the King

Libellus of Condemnation of the Errors Contained in, presupposed by, or underlying the document ‘Amoris Laetitia’

Mindful of the teaching of Our Most High Lord, Jesus Christ, that our “Yes”, be a “yes” and our “No”, a “no”, and, similarly mindful of the teaching of His Vicar on Earth, Pope Pius VI, of good memory, who taught:

“Whenever it becomes necessary to expose statements which disguise some suspected error or danger, under the veil of ambiguity, one must denounce the perverse meaning under which the error opposed to Catholic Truth is camouflaged”

We the members of Veri Catholici wish to express our loyalty to the faith which we have received from the lips of Christ through the preaching of the Apostles, as handed down in the Catholic Church and fortified by the infallible Magisterium of the Church, in condemning the so called Apostolic Exhortation, “Amoris Laetitia” as a work of deceit and trickery, error and heresy, among which errors we condemn the following:

Against Modernism

We condemn with St. Pius X, the notion that the dogmas of the faith evolve or that the Church comes to a more clear understanding of the truth by means of the exertions of men who strive to accommodate the teachings of Christ and the Apostles to the desires, customs, manners or culture of the age in which they live.

Against False Pastoralism

We condemn the notion that the truth of the Catholic Faith regarding Marriage can be rightly taught and pastorally applied by the omission of the word, “adultery”, entirely absent from the document, as Dr. Anna M. Silva observes.

We condemn the notion that for a Catholic the moral law or moral precepts of the Old and New Testaments are an ideal to aimed for and not obligations which must be observed as the bare minimum of Christian life, since Our Lord and Savior commanded all of us, “If you love Me, keep My commandments”, not “If you love Me, heed My counsels”.

We condemn the notion that public sinners can no longer be said categorically to be in the state of mortal sin, or sinners, or sinful, or living lives of sin, or addicted to sin.

We condemn the use of prolix language to hide or cause one to forget the immutable truths of the Faith as taught by Christ and His Apostles and handed down from time immemorial in the Church.

We condemn the use of the assertion of Catholic Truth to disarm the faithful from those portions of the document which are rife with error, blasphemy and heresy.

We condemn as a false pastoral ethic, that the Clergy not preach and teach to the entire faithful or to any individual believer, that adultery is mortally sinful.

We condemn as a false pastoral ethic, that the Clergy remain silent or not publicly and habitually disapprove of adultery or divorce.

We condemn as cruel and heartless the notion that it is morally licit to content habitual public sinners with integration into the life of the parish, when they have refused to repent and leave their sinful life, and not to discomfort them habitually so long as they remain such with the timeless Apostolic practice of refusing them sacrament and human society.

We condemn as false and injurious to good morals and a right formation of conscience the notion that habitual mortal sinners should not be made to feel excommunicated when they have habitually refused repentance.

We condemn the hypocrisy of a pastor who would write, “Naturally, if someone flaunts an objective sin as if it were part of the Christian ideal, or wants to impose something other than what the Church teaches, he or she can in no way presume to teach or preach to others” (AL 297) all the while crafting a document to exculpate sinners and fault the pastors of souls who apply the apostolic and traditional discipline of the Church for them.

We condemn as a false pastoral ethic, the preference for a sacramental discipline which causes confusion over one which is clear and black-and-white.

We condemn as deceitful the promulgation of an Exhoration which explicitly asserts not to impose new rules with orders from the Apostolic See to Episcopal conferences regarding the reporting of how the document is to be implemented.

We condemn as false and erroneous the pastoral pratice which proposes all questions for self reflection for habitual public sinners but those which regard the absolute necessity of observance of the divine and moral precepts as a condition of eternal salvation and the immediate necessary danger of eternal damnation on account of their objective non conformity with these.

Against False Morality

We condemn with Trent the notion that what God has commanded is too difficult to observe, or that He has not, does not or will not give sufficient grace to observe each and all of His precepts.

We condemn the notion that a catechesis which merits the name ‘right and catholic’, can be given in which there is no mention of the absolute necessity of the observance of God’s commandments as a precondition for the gift of eternal salvation.

We condemn as false and heretical the assertion that “it can no longer be simply said that all those in any “irregular” situation are living in a state of mortal sin and are deprived of sanctifying grace” (AL 301), since it is de fide that mortal sin deprives a soul of sanctifying grace, as the Apostle St. John teaches.

We condemn as false that assertion that though “a subject may know full well the rule, yet have great difficulty in understanding its inherent value“, that therefore he may be licitly allowed to transgress it, or counseled or permitted to do so.

We condemn as false, the notion that one can avoid all sin by not making a decision, when their objective moral practice is not in conformity with the objective standards of the divine, moral or natural law, since a deliberate sin of omission in the observances of these laws in grave matters is mortal.

We condemn as deceitful and a trickery the application of a quotation by the Angelic Doctor, when speaking of those with habitual grace, to those who are in the state of mortal sin.

We condemn as false and blasphemous the notion that God Himself might inspire a soul to take a step towards being better disposed to repentance and on that basis absolve them from the moral obligation thereof in that moment of repentance or account that dead work as meritorious of justification.

We condemn as deceitful the quotation of the Angelic Doctor in regard to the difficulty in understanding the application of moral principles in detailed cases, as if he were speaking of the failure of the principles themselves or their non applicability to such cases.

We condemn the notion that the natural law, inscribed by God into all things, is not an a priori set of moral obligations universally binding all human individuals.

We condemn as false and blasphemous the assertion that the process of better disposing oneself to the grace of conversion is a process of sanctification, as such an error revives the error of the Pharisees which regarded works of the Law as meritorious of or effective out of themselves of the grace of justification or sanctification.

We condemn as false, a contradiction in terms and heretical the notion that a soul in the state of mortal sin can grow in grace, by whatever means, while remaining in such a state.

We condemn as false and heretical the assertion that the term “mortal sin”, or “deadly sin” no longer be used of public sinners who violate a grave Divine precept revealed by God.

We condemn the false quotation of the writings of John Paul II for the purpose of refuting his condemnation of the law of graduality in morals.

We condemn the false notion that the obligations of a subjective false conscience take priority over the objective obligation of the moral or sacramental law.

 Against the errors opposed to Catholic Ecclesiology

We condemn the notion that one can share spiritually in the life of the Church but incompletely, since all things spiritual are simple and are not capable of division.

We likewise condemn the notion that those in mortal sin share spiritually in the life of the Church.

We condemn the notion that those in mortal sin have a way of participating in the life of the Church which is proper to those who remain in mortal sin, rather than by repenting of their sin and returning to the life of grace and the Sacraments.

We condemn as false and heretical the notion that those in habitual mortal sin, public or private, ought to be integrated into the life of the Church in any other way than by repentance and confession.

We condemn as blasphemous and heretical the notion that the Immaculate Bride of Christ, Holy Mother Church, should befoul Herself with the sins of Her children or accommodate Herself or Her manners of practicing pastoral charity with the mundane and corrupt values and habits of the world.

We condemn as false and erronous the notion that in the pastoral ministry charity should be preached before faith and repentance, since for sinful man it is only from the fear of God that the love of God arises.

Against the cultivated Abuse of the Sacraments

We condemn the notion that under any pretext of circumstance or conscience an individual can exempt himself or be exempted by his confessor from the obligation of receiving the Sacraments with repentance and faith, or in the state of grace.

We condemn the notion that it is morally licit, and not meritorious of eternal and everlasting damnation, for an individual to receive the Sacraments in the state of mortal sin, or for a Confessor to grant a sinner to so receive the Sacraments of the living in such a state.

We condemn the notion that an individual who has admitted the commission of an act which is gravely immoral in se, and is not repentant, can be permitted under any pretext by one who knows this in the external forum, to receive a Sacrament.

We condemn the notion, that a habitual mortal sinner can by his evil habit of sin come to be so inculpable of his individual acts of sin that he could approach the Sacraments without full repentance, perfect contrition and Catholic faith, or be allowed licitly to do so by any authority on Earth.

We condemn the blasphemous and heretical assertion that the Confessional is or can be a “torture chamber”, since such an affirmation is not fitting for a Christian mouth but for the mouth of a demon.

We condemn the assertion that the perennial and received sacramental discipline of denying the Sacraments to habitual or public sinners is cruel, in appropriate to modern sensibilities, or in need of a reformulation.

We condemn as blasphemous, heretical and a depravity of judgement the assertion that those who hold to the traditional sacramental discipline are Pharisees or rigorists.

We condemn any insinuation or effort “to overcome” the current “forms of exclusion” which have been part of the traditional sacramental discipline in the Church from time immemorial.

Against Errors opposed to Catholic Faith in the Last Things

We condemn the notion that “no one can be condemned forever”, or that the affirmation of eternal or perpetual condemnation of individuals in general, is contrary to “the logic of the Gospel”, because Our Lord Jesus Christ Himself, in fulfillment of the will of His Eternal Father, denounced the Pharasees of the Old Law, saying emphatically, “You shall die in your sins”, and foretold that He would at the Last Judgement say to the wicked, “Depart from Me into the everlasting fire prepared for the Devil and his angels”.

We condemn the notion that Christ’s sacred ministers, in fulfillment of their Apostolic duty, cannot threaten with eternal damnation individuals who commit, persist, approve or condone of moral acts of whatever kind which are formally contrary to God’s law, according to genus, species, intention or circumstance.

We condemn the notion that Christ’s sacred ministers and all the faithful in fidelity to their Baptism, cannot or ought not condemn such moral acts as meritorious of eternal and everlasting damnation in the fires of Hell, or that in doing so they transgress the obligations of divine charity.

We condemn the heretical assertion or affirmation that that there are or there might be no souls condemned in Hell or that the salvation of all or of anyone in particular can be presumed a priori.

We condemn the heretical assertion or affirmation that, Hell is not a physical place, since Christ Himself affirmed that in Gehenna souls and bodies will be punished with spiritual and physical sufferings.

We condemn as heretical the assertion that after death the human soul does not continue to exist.

We condemn the notion that at death there is no particular judgement of the individual.

We condemn the notion that at death an individual is judged only on his fundamental option for or against God, and not on the particular observance of the divine precepts.

Against the Errors opposed to the Sacrament of Matrimony

We condemn with Trent as false and heretical the notion that the state of virginity chosen for the love of God and the pursuit and observance of evangelical perfection is not of itself superior to the state of holy Matrimony, confected with due ritual in the Church.

We condemn the notion that natural marriage or sacramental marriage is an ideal to be strived for and/or not a divine institution the obligations of which bind all men and women who wish to form a family or unite together as a couple.

We condemn the notion that the reception of the Sacrament of Matrimony is not a grave moral obligation for all Catholics who wish to have children or use the powers of procreation which God has given them, and that it is merely an enrichment option for their personal betterment.

We condemn the notion that the two ends of marriage, the procreative and the unitive are equal or that the latter is not subordinated to the former.

We condemn the notion that Catholics who marry civilly and not in the Church are “often not motivated by prejudice or resistance to a sacramental union, but by cultural or contingent situations”, as if preference of the values of the world did not constitute prejudice to or resistance toward the acceptance of the teaching of Christ on the Sacrament.

We condemn the notion that any deliberate use of the procreative power of the human body, outside of matrimony is morally licit at any time for any person.

We reject as blasphemous and heretical the notion that adulterous or impure unions can in any manner reflect the love of the God Who is infinitely pure and must be worshiped in spirit and in truth.

We reject as false and a sacrilege of Scripture the implication that Jesus spoke to the Samaritan woman with a purpose of sanctifying the adulterous union in which He found her.

We condemn the notion that an individual living in adultery has a greater moral obligation to remain in an adulterous union, on account of the children, than of separating from it on account of Christ’s precept against adultery.

We condemn the notion that the family or marriage can be in truth constituted by anything other than the union of 1 man with 1 woman.

We condemn the notion that Catholics or any human person ought to respect and accept any other notion of marriage or family, than that constituted by 1 man and 1 woman.

We condemn as deceitful and malicious the use of quotations from Magisterial documents which regard the Sacrament of Matrimony to defend adulterous or illicit unions.

We condemn the false notion that the validity of a marriage can be legitimately judged by the individual without seeking recourse to ecclesiastical authority, as if the jurisdiction of tribunal pertained by some right to private judgement properly or falsely formed.

We condemn as blasphemous and heretical the notion that the Gospel of Faith and Repentance which Christ preached from the first days of His public ministry is not a easy solution to the moral difficulty in which habitual public sinners find themselves.

Against the Abuse of the Pastoral Office

We condemn as injurious to ecclesiastical discipline and a grave failure of pastoral office to exhort the Clergy not to continue in a faithful adherence to the traditional sacramental discipline, so as to accommodate the corrupt morals and minds of the present age.

We condemn as grave treachery, the use of the Petrine Office to encourage, promote or dispose souls to accept sin, or to depart from fidelity to Christ, from fidelity to the Apostles, from fidelity to the teachings contained in Sacred Scripture and/or transmitted by Sacred Tradition, under any pretext of love, mercy or compassion.

We condemn as a grave treachery to and attack upon the unity of the Church, the use of the Petrine Office to encourage local churches to depart from fidelity to Christ, from fidelity to the Apostles, from fidelity to the teachings contained in Sacred Scripture and/or transmitted by Sacred Tradition, under any pretext of love, mercy or compassion.

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Libellus di Condanna

 Christ the King

Libellus di condanna degli errori contenuti nel , presupposta dalla , o alla base del documento ‘ Amoris Laetitia ‘

Memori dell’insegnamento di Nostro Sommo Signore, Gesù Cristo, che il nostro, “Si”, sia un “si”, e il nostro “No”, un “no”, e similarmente memori dell’insegnamento del suo Vicario sulla terra, il Papa Pio VI di buona memoria, che ci insegnava:

“Quando diviene necessario esporre affermazioni che nascondono qualche errore sospetto o qualche pericolo sotto il velo dell’ambiguità, si deve denunciare il significato perverso sotto il quale l’errore opposto alla verità cattolica è mascherato”

noi membri di Veri Catholici desideriamo esprimere la nostra lealtà alla fede che abbiamo ricevuto dalle labbra di Cristo tramite la predicazione degli Apostoli, tramandata nella Chiesa Cattolica e fortificata dal Magistero infallibile della Chiesa, nel condannare la così detta Esortazione Apostolica, “Amoris Laetitia”, come una opera di inganno e raggiro, di errore e eresia, tra i quali errori condanniamo i seguenti:

Contro Modernismo

Con Papa San Pio X, condanniamo la nozione che i dogmi della Fede evolvano o che la Chiesa arrivi a una conoscenza più chiara della verità tramite gli sforzi degli uomini che cercano di accomodare gli insegnamenti di Cristo e degli Apostoli ai desideri, ai costumi e alle consuetudini o alla cultura dell’epoca in cui vivono.

Contro la falsa Pastoralità

Condanniamo la nozione che la verità della Fede Cattolica sul Matrimonio si possa correttamente insegnare e applicare pastoralmente senza nominare la parola, “adulterio”, la quale è assente del documento intero, come il Dott.ssa Anna M. Silva ha osservato.

Condanniamo la nozione che per un Cattolico la legge morale o i precetti morali dell’Antico Nuovo  Testamento sono un ideale da raggiungere e non obblighi da osservare per forza come il minimo indispensabile della vita Cristiana, poiché il Nostro Signore e Salvatore ha comandato a tutti, “Se Mi amiate, osservate i Miei comandamenti”, non “Se Mi amiate, ascoltate i Miei consigli”.

Condanniamo la nozione che ai peccatori pubblici non si possa più dire categoricamente di “trovarsi nello stato di peccato mortale”, “peccatori”, “peccaminosi”, “viventi vite di peccato”, o “dipendenti dal peccato”.

Condanniamo l’uso del linguaggio prolisso per nascondere o portare a dimenticare le verità immutabili della Fede insegnata da Cristo e i suoi Apostoli e tramandate da secoli immemori all’interno della Chiesa.

Condanniamo l’uso delle asserzioni della verità cattolica per disarmare i fedeli riguardo a quelle parti del documento che sono piene di errori, bestemmie e eresie.

Condanniamo come falsa etica pastorale, che il Clero non debba predicare o insegnare a tutti e a ciascun fedele che l’adulterio è mortalmente peccaminoso.

Condanniamo come falsa etica pastorale che il Clero debba rimanere zitto o almeno non disapprovare pubblicamente e abitualmente l’adulterio o il divorzio.

Condanniamo come crudele e insensibile la nozione che è lecito moralmente accontentare peccatori pubblici abituali con l’integrazione nella vita della parrocchia, quando hanno rifiutato di pentirsi e di lasciare la loro vita di peccato, e non a scontentarli abitualmente con la pratica perenne apostolica di rifiutargli il sacramento e la società umana, purché rimangono tali.

Condanniamo come falsa e ingiuriosa verso la buona morale e la formazione retta della coscienza la nozione che peccatori abituali mortali non si devono far sentire scomunicati quando hanno abitualmente rifiutato il pentimento.

Condanniamo l’ipocrisia del pastore che avrebbe scritto, “Ovviamente, se qualcuno ostenta un peccato oggettivo come se facesse parte dell’ideale cristiano, o vuole imporre qualcosa di diverso da quello che insegna la Chiesa, non può pretendere di fare catechesi o di predicare” (AL 297), mentre nel frattempo costruisce un documento per discolpare i peccatori e fare sembrare colpevoli i pastori delle anime che applicano verso di loro la disciplina ecclesiale apostolica e tradizionale.

Condanniamo come falsa etica pastorale, la preferenza per una disciplina sacramentale che causa confusione rispetto ad un’altra che è chiara e bianco e nero.

Condanniamo come un inganno la promulgazione di una Esortazione che asserisce esplicitamente di non imporre nuove regole mentre dà ordini dalla Sede Apostolica alle conferenze episcopali del mondo di riferire come il documento si rende effettivo nei loro paesi.

Condanniamo come falsa ed erronea la pratica pastorale che propone tutte le domande per l’auto-riflessione ai peccatori pubblici eccetto quelle che riguardano la necessità assoluta della osservanza dei precetti divini e morali come condizione di salvezza eterna e quelle domande che riguardano il necessario pericolo immediato di dannazione eterna a cagione della loro mancanza oggettiva di conformità con quei precetti.

Contro la Moralità falsa

Condanniamo con il Concilio di Trento la nozione che ciò che Dio ha comandato è troppo difficile da osservare, o che Egli non ha dato, non da, o non darà la grazia sufficiente per osservare tutti e ciascuno dei Suoi precetti.

Condanniamo la nozione che una catechesi che merita il nome ‘retta e cattolica’, possa prescindere dal parlare della necessità assoluta dell’osservanza dei comandamenti di Dio come la pre-condizione per il dono della salvezza eterna.

Condanniamo come falsa ed eretica l’asserzione che “non è più possibile dire che tutti coloro che si trovano in qualche situazione cosiddetta “irregolare” vivano in stato di peccato mortale, privi della grazia santificante”, poiché è de fide che il peccato mortale depriva l’anima della grazia santificante, come insegna l’Apostolo San Giovanni.

Condanniamo come falsa l’asserzione che anche se “Un soggetto, pur conoscendo bene la norma, può avere grande difficoltà nel comprendere i valori insiti nella norma morale”, può essere autorizzato, consigliato o permesso di trasgredirla.

Condanniamo come falsa la nozione che qualcuno può evitare ogni peccato nel non prendere una decisione, quando la sua pratica morale oggettiva non è in conformità con le richieste oggettive di Dio, della moralità o della legge naturale, poiché ogni omissione deliberata nell’osservanza di questa legge in materia grave è peccato mortale.

Condanniamo come inganno e raggiro l’uso di una citazione dal Dottore Angelico quando parlava di quelli con la grazia abituale, in riferimento a quelli che sono in peccato mortale.

Condanniamo come falsa e blasfema la nozione che Dio stesso potrebbe ispirare un’anima a fare un passo avanti verso una migliore disposizione al pentimento e a motivo di questo assolverla della obbligazione morale di pentirsi in quel momento o di considerare quella opera morta come meritoria di giustificazione.

Condanniamo come un inganno la citazione del Dottore Angelico riguardo alla difficoltà di intendere l’applicazione di principi morali in casi particolari, come egli parlasse del fallimento di principi stessi o della loro inapplicabilità a tali casi.

Condanniamo la nozione che la legge naturale, inscritta da Dio in ogni cosa, non è un codice a priori di obblighi morali vincolanti universalmente tutti gli esseri umani.

Condanniamo come falsa e blasfema l’asserzione che il processo di disporsi meglio alla grazia di conversione è un processo di santificazione, perché tale errore fa rivivere l’errore dei Farisei che consideravano le opere della Legge come meritorie o effettive da se stesse della grazia di giustificazione o di santificazione.

Condanniamo come falsa, una contraddizione in termini e eretica la nozione che un’anima nello stato di peccato mortale possa crescere in grazia, mediante qualsiasi mezzo, mentre rimane in tale stato.

Condanniamo come falsa ed eretica l’asserzione che il vocabolo, “peccato mortale”, non si usi più verso i peccatori pubblici che violano un precetto grave divino rivelato da Dio.

Condanniamo come falsa la citazione degli scritti di Papa Giovanni Paolo II allo scopo di rifiutare la sua condanna della cosi detta “legge di gradualità” nella morale.

Condanniamo come falsa la nozione che gli obblighi di una coscienza falsa acquistino priorità rispetto agli obblighi oggettivi della legge morale o sacramentale.

Contro gli errori opposti alla Ecclesiologia Cattolica

Condanniamo la nozione che qualcuno possa partecipare spiritualmente nella vita della Chiesa ma non completamente, poiché tutte le cose spirituali sono semplici e non sono capaci di divisioni.

Condanniamo similarmente la nozione che coloro che si trovano in peccato mortale partecipano alla vita della Chiesa.

Condanniamo la nozione che quelli in peccato mortale hanno un mezzo per partecipare alla vita della Chiesa che è proprio di quelli che rimangono nel peccato mortale, invece di pentirsi del loro peccato e ritornare alla vita di grazia e dei Sacramenti.

Condanniamo come falsa ed eretica la nozione che quelli in peccato abituale morale, sia pubblico o privato, debbano essere integrati nella vita della Chiesa in qualsiasi altra maniera che tramite il pentimento e la confessione.

Condanniamo come una bestemmia e eretica la nozione che la Sposa Immacolata di Cristo, la Santa Madre Chiesa, debba sporcarsi con i peccati dei suoi figli o accomodare Se Stessa o i suo modi di praticare la carità pastorale con i valori mondani e le abitudini corrotte del mondo.

Condanniamo come falsa e erronea la nozione che nel ministero pastorale la carità si deve predicare prima della fede e del pentimento, poiché per l’uomo peccaminoso è solo dal timore di Dio che cresce l’amore per Dio.

Contro l’abuso coltivato dei Sacramenti

Condanniamo la nozione che sotto qualsiasi pretesto di circostanze o di coscienza un individuo possa esentarsi o essere esentato dal suo confessore dall’obbligo di ricevere i Sacramenti con pentimento e fede, o nello stato di grazia.

Condanniamo la nozione che è lecito moralmente, e non meritorio di dannazione eterna e perpetua, per un individuo ricevere i Sacramenti in stato di peccato mortale, o per un confessore di concedere a un peccatore di ricevere in tale modo i Sacramenti dei viventi in tale stato.

Condanniamo la nozione che a un individuo che ha ammesso la commissione di un atto che è in se stesso gravemente immorale, e non essendo pentito, si può consentire di ricevere un Sacramento, sotto qualsiasi pretesto, da colui che conosce ciò nel foro esterno.

Condanniamo la nozione, che un peccatore abituale mortale può, mediante il suo abito cattivo di peccato arrivare a essere tanto incolpevole dei suoi atti di peccato da potersi accostare ai Sacramenti senza pieno pentimento, perfetta contrizione e fede cattolica, o essere autorizzato lecitamente a farlo da qualsiasi autorità sulla terra.

Condanniamo come bestemmia e eresia l’asserzione che la confessione è o possa essere “una camera di tortura”, poiché tale affermazione non è degna della bocca di un cristiano ma di quella di un demonio.

Condanniamo l’asserzione che la disciplina sacramentale perenne e ricevuta di negare i Sacramenti ai peccatori abituali pubblici è crudele, non adatta alle sensibilità moderne, o bisognosa di una riforma.

Condanniamo come una bestemmia, eretica e un depravato giudizio, l’asserzione che quelli che mantengono la disciplina sacramentale tradizionale sono Farisei o rigoristi.

Condanniamo ogni insinuazione o sforzo per superare le vigenti forme di esclusione che sono state parte della disciplina sacramentale della Chiesa da tempi immemori.

Contro gli errori opposti alla Fede Cattolica nei novissimi

Condanniamo la nozione che “nessuno si può condannare per sempre”, o che l’affermazione di una condanna perpetua ed eterna degli individui in generale è contraria alla “logica del Vangelo”, poiché il Nostro Signore Gesù Cristo, per compiere la Volontà del Suo Padre Eterno, denunciava i Farisei della Legge antica, dicendo con enfasi, “Morirete nei vostri peccati”, e prediceva che Egli stesso nel Giudizio finale dirà ai cattivi, “Andate via da me al fuoco eterno che è stato preparato per il Diavolo e suoi angeli”.

Condanniamo la nozione che i ministri sacri di Cristo, nel compiere il loro dovere apostolico, non possano minacciare con la dannazione eterna quegli individui che fanno, persistono, approvano o consentono ad atti morali di qualsiasi genere che sono formalmente contrari alla legge di Dio, secondo genere, specie, intenzioni o circostanze.

Condanniamo la nozione che i ministri sacri di Cristo e tutti i fedeli, in fedeltà al loro Battesimo, non possano o non debbano condannare tali atti morali come meritori di dannazione eterna e perenne nel fuoco dell’Inferno, o che nel fare così trasgrediscono l’obbligo della carità divina.

Condanniamo l’asserzione o affermazione eretica che non ci sono o non ci sarebbe nessun’anima condannata nell’inferno o che la salvezza di tutti o di qualsiasi singolo vivente si può presumere a priori.

Condanniamo l’asserzione o affermazione che l’Inferno non è un luogo fisico, poiché Cristo stesso affermava che in Gehenna anime e corpi saranno puniti con pene spirituali e fisiche.

Condanniamo come eretica l’asserzione che dopo la morte l’anima umana non continua ad esistere.

Condanniamo la nozione che alla morte non c’è un giudizio particolare dell’individuo.

Condanniamo la nozione che alla morte l’individuo si giudica solamente sulla sua opzione fondamentale pro o contro Dio, e non secondo la sua osservanza particolare dei precetti divini.

Contro gli errori verso il Sacramento del Matrimonio

Condanniamo, con il Concilio di Trento, come falsa e eretica la nozione che lo stato di verginità scelta per amore di Dio e l’osservanza e la partecipazione della perfezione evangelica non è in se stessa superiore allo stato di santo Matrimonio, conferito con il dovuto rito nella Chiesa.

Condanniamo la nozione che il matrimonio naturale o sacramentale è un ideale da raggiungere e/o non una istituzione divina gli obblighi che vincolano ogni uomo e donna che vogliano creare una famiglia o unirsi come coppia.

Condanniamo la nozione che la ricezione del Sacramento del Matrimonio non è un obbligo grave morale per tutti i Cattolici che vogliano avere figli o usare i poteri di procreazione che Iddio gli ha dato, e che il Sacramento è meramente un arricchimento del loro benessere personale.

Condanniamo la nozione che i due fini del matrimonio, quello procreativo e l’unitivo, sono eguali o che il secondo non è subordinato al primo.

Condanniamo la nozione che la decisione dei Cattolici che si sposano civilmente e non nella Chiesa «… molto spesso non è motivata da pregiudizi o resistenze nei confronti dell’unione sacramentale, ma da situazioni culturali o contingenti», come se la preferenza per i valori mondani non costituisse un pregiudizio o una resistenza ad accettare l’insegnamento di Cristo riguardo al Sacramento.

Condanniamo la nozione che qualsiasi uso deliberato dei poteri procreativi del corpo umano, fuori matrimonio, è lecito moralmente per qualsiasi persona in qualsiasi occasione.

Rigettiamo come una bestemmia e una eresia la nozione che le unioni adulterine o impure possano in qualsiasi maniera riflettere l’amore del Dio che è infinitamente puro e che si deve adorare in spirito e in verità.

Rigettiamo come falso e come uso sacrilego delle Scritture l’implicazione che Gesù parlò alla donna samaritana con lo scopo di santificare l’unione adulterina in cui si trovava.

Condanniamo la nozione che l’individuo vivente in adulterio ha un obbligo morale maggiore di rimanere nell’unione adultera a ragione dei figli, che di separarsi da essa a ragione del precetto di Cristo contro di essa.

Condanniamo la nozione che la famiglia o il matrimonio si possano costituire veramente da qualsiasi altro che l’unione di un uomo e di una donna.

Condanniamo la nozione che i Cattolici o qualsiasi persona umana debbano rispettare o accettare qualsiasi altra nozione di matrimonio e della famiglia, che quella costituita da un uomo e da una donna.

Condanniamo come ingannevole e malizioso l’uso di citazioni di documenti magisteriali che riguardono il Sacramento di Matrimonio per difendere unioni adulterine o illecite.

Condanniamo la nozione falsa che la validità di un matrimonio può legittimamente essere giudicata dall’individuo senza ricorso all’autorità ecclesiastica, come se la giurisdizione del tribunale appartenesse con qualche diritto al giudizio privato, formato veramente o falsamente.

Condanniamo come blasfema ed eretica la nozione che il Vangelo di Fede e Pentimento, che Cristo ha predicato dai primi giorni del suo Ministero pubblico, non è una soluzione facile per ogni difficoltà morale in cui peccatori abituali si trovano.

Contro l’abuso dell’ufficio pastorale

Condanniamo come ingiurioso verso la disciplina ecclesiastica e come fallimento grave dell’ufficio pastorale l’esortare il Clero a non continuare nella sua adesione fedele alla disciplina sacramentale, affinché si accomodi alle morali e alle menti corrotte dell’epoca presente.

Condanniamo coma tradimento grave, l’uso dell’ufficio petrino per incoraggiare, promuovere o disporre le anime ad accettare il peccato, o di sviarsi dalla fedeltà a Cristo, agli Apostoli, o dalla loro fedeltà agli insegnamenti contenuti nella Sacra Scrittura, sotto qualsiasi pretesto di amore, misericordia o compassione.

Condanniamo come tradimento grave e come un attacco contro l’unità della Chiesa, l’uso dell’ufficio petrino per incoraggiare le Chiese locali a sviare dalla loro fedeltà a Cristo, agli Apostoli, e dalla loro fedeltà agli insegnamenti contenuti nella Sacra Scrittura e/o trasmessi mediante la Sacra Tradizione, sotto qualsiasi pretesto di amore, misericordia o compassione.

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#ALConf — Regístrese para asistir a la Conferencia transmitida en Internet

The Sala Magna at the Tiempo Business Center, Roma

La Sala Magna del Tiempo Business Center, Roma

Regístrese para asistir a la Conferencia transmitida en Internet

Siga el siguiente enlace: https://attendee.gotowebinar.com/register/3872625463937685507

(El formulario requiere su nombre, apellido y correo electrónico. Usted necesitará una computadora, tablet, smart phone o similar, con parlantes para poder ver, además de una buena conexión de internet: ADSL o DSL).

Para obtener más información sobre la conferencia , véase

#ALConf – Conferencia Internacional para condenar ‘Amoris Laetitia’ 25 de junio de 2016, Roma – Italia

Más información en italiano :

https://vericatholici.wordpress.com/2016/06/09/alconf-luogo-e-programma-per-la-conferenza-per-condannare-amoris-laetitia-25-giugno-a-roma/

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